La educación ya no es lo que era…

Se rumorea que en Silicon Valley hay una escuela de alto nivel donde los grandes ejecutivos de las empresas llevan a sus hijos, esta escuela cuenta con un método muy peculiar de enseñanza ya que evitan cualquier tecnología para efectuar su servicio. También se dice que Steve Jobs en una entrevista afirmó que sus hijos tenían muy restringido el uso de los dispositivos electrónicos. Todo apunta a que los grandes líderes y visionarios de la innovación son poco innovadores en su manera de educar.

Mucha gente está en contra de todas las facilidades que ofrece Internet para poder educar a sus hijos, pero lo cierto es que no debemos olvidar que no son nada más que eso, facilidades. No hay que mezclar el valor educativo con el medio que se utiliza para transmitirlo. El valor educativo dependerá de muchos factores como de quien haya elaborado el proyecto, de la idea, de la motivación y el trabajo que se haya aplicado, y de otras variables desconocidas. En cambio el medio no es nada más que la manera, la vía para enseñar ese valor, que puede ser mediante el papel, una app, una web, o simplemente hablando.

El valor de una conversación no se pierde porque ésta se escriba, sí es cierto que pasarla al papel puede evadir el contexto, eliminar el sonido de una voz, la pasión con la que se transmite, la comunicación no verbal, gestos, etc. Pero seamos sinceros, si en el papel no queda nada útil, es porque no vale nada. Es decir, hablada su intensidad se sostenía a través de una serie de factores emocionalmente valiosos, pero irrelevantes en términos de utilidad.

Lo mismo le sucede a los dispositivos tecnológicos, si una app carece de valor educativo, no hubiera sido mejor enfocar el proyecto a escribir un libro, porque no hay ningún valor educativo que transmitir. Cuando te sumerges en un proyecto bien desarrollado la ganancia educativa es la misma. Es verdad que no es una buena manera de educar un niño dejarle jugar con la tablet a tiempo completo; tampoco creo que lo sea dejarle leer libros día y noche. Hay que comprender que no hablamos de sustituir sino de añadir elementos que faciliten el desarrollo de nuevas facetas de la inteligencia. No hace falta saltar de extremo a extremo, no se trata de olvidar todo lo aprendido hasta el momento sino de complementar. El uso que se le da al igual que la duración son variables claves que deben limitarse para sacar el mejor provecho de estos dispositivos. Hay quién dejará jugar a su hijo de dos años con un ipad; y en mi opinión, siempre que limite el acceso a una serie de apps enfocadas a su edad y a un máximo de horas semanales, ¿por qué no hacerlo?

Un móvil es una herramienta, igual que lo es un libro, una calculadora o una regla, y por eso deben tener una utilidad, puntual. Eso quiere decir que no deben servir para perder el tiempo (o al menos hay que limitar esa aplicación) sino que deben ser usadas para resolver situaciones o transmitir aprendizajes concretos. Quedarse enganchado a una herramienta durante un tiempo desmesurado lo único que hace es focalizar el pensamiento a su limitada funcionalidad. Debemos enseñar a razonar a una escala global, por eso estoy de acuerdo en que ningún dispositivo (electrónico o no), debe establecerse como la base de un aprendizaje. Pero es una tontería no contar con una herramienta que nos abastece de tantas posibilidades para nuestro desarrollo y el de nuestros hijos.

Si parece bastante creíble que la educación está en un punto crítico (al menos en españa), quizás el problema radique en el método de aprendizaje y no tanto en las herramientas utilizadas para ejercerlo.

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